La aventura de emprender

Emprendedoras por naturaleza

Las mujeres somos emprendedoras por naturaleza

La naturaleza femenina es emprendedora, nuestros cuerpos están diseñados a la perfección para emprender cada mes la aventura de crear.

En mi juventud, una inquietud misteriosa me movía a hacer las cosas según mis sentimientos. Me aventuraba a caminar por lugares desconocidos sintiendo y dejándome llevar por aquellas cosas que me llenaban de gozo.

Reconozco que ciertos miedos me invadían, arrastrando temores causados por mis creencias. Aún así, la intuición me llevó de la mano logrando empresas para mí impensables hasta ese momento.

Mi historia

La mayor aventura

La mayor aventura de mi vida ha sido ser madre tres veces, en largos espacios de tiempo entre un hijo y otro. Pienso mucho las cosas antes de hacerlas.

A nivel empresarial, me sucede lo mismo, necesito sentir que mi energía va a fluir y entonces es cuando le doy dedicación.

Hace 32 años que estoy con mi pareja, un ser con adn emprendedor y que ha resultado ser mi mejor maestro. Hemos trabajado juntos en infinidad de proyectos, fracasando y teniendo éxito al mismo tiempo.

Compartimos la aventura de ser padres, no siempre de acuerdo, tomando decisiones en los proyectos de vida individuales, pero siempre con la amorosa responsabilidad de educar a nuestros hijos con coherencia, respeto y espíritu crítico.

Fracasar es tener éxito.

El sentimiento de fracaso resulta inevitable cuando eres creadora incansable. La mayor parte de las veces, he creado cosas que eran intangibles. Me explico: El emprendimiento no consiste en triunfar sino en confiar en ti misma. Emprender es sinónimo de aventura en la que el fracaso forma parte del camino.

El camino del éxito está diseñado con valores que a veces son intangibles.

Conectar con la energía creadora, aquella que se muestra a través de la intuición, y caminar hacia senderos de lo desconocido, en los que te encuentras con diferentes realidades en las que tu escoges como quieres vivir la experiencia.

Si, fracasar es tener éxito. Cuantas más veces hayas fracasado, demuestra cual es tu experiencia y el aprendizaje es lo que realmente cuenta.

Valoro positivamente todo el camino que he recorrido y trato de mirar amorosamente las cicatrices producidas por las caidas. A veces el sentimiento es muy poderoso y necesito días para poder asimilar toda esa energía.

¿Qué quiero decir con esto?

Me refiero a la mirada con la perspectiva del tiempo.

Cuando era joven subía montañas, recorría largos caminos con obstáculos para lograr mi objetivo: La cima. Pasado un tiempo largo, veo las enormes distancias que he recorrido y las sensaciones me colman de un profundo respeto por lo vivido y compartido con mis seres más cercanos.

Mar y montaña

Siempre he tenido este deseo: Vivir a orillas del mar sintiendo mi agua, siempre en movimiento, y en la montaña conectando con mis raíces en la tierra, energía fortalecedora.

Así como subí montañas, también exploré en lo profundo.

Un tiempo estuve vinculada a un proyecto de buceo, colaboré en la creación de una escuela de submarinistas, personas que se iniciaban en el aprendizaje hacia lo desconocido del medio subacuático y donde la seguridad y el autocontrol son imprescindibles.

Fue una etapa en la que adquirí profundos valores. Por un lado, guardar la vida de las personas en un medio ambiente hostil, y a la vez, salvar la vida de mi proyecto en un ambiente político hostil. De eso ya os hablaré otro día.

Proyectos

La vida de mi proyecto o mi proyecto de vida

Cuando te has sentido flotando en las nubes de las cumbres de las montañas y flotando en las aguas del mar llega un momento en el que tocar tierra se convierte en una necesidad vital para continuar.

Fue en este momento cuando comprendí que estaba viviendo mi proyecto, mi propia vida, dando vida y responsabilizándome de ella, a pesar de las fatigas del camino y de las aguas que fluían, a menudo, contracorriente.

Me sentía como los peces que viven en los ríos y los mares, que recorren largas distancias navegando con la corriente en contra para dejar su semilla en lugar seguro.

Espíritu nómada

La nobleza de la montaña me llamó y tocar tierra fue lograr la conexión entre lo espiritual y lo material.

Cultivar mis propios alimentos y la observación del medio y los ciclos de vida hizo que se reafirmaran los conocimientos adquiridos en mi etapa en el mar.

La necesidad de sensaciones y la comprensión de que somos seres cíclicos, que no siempre estamos igual fue dándome la serenidad para evolucionar en el autoconocimiento haciendo que mis creaciones (mis hijos) aprendan a vivir de forma inteligente sabiendo adaptarse a las circunstancias.

La necesidad de coherencia, la madurez, la experiencia de los fracasos y un claro espíritu nómada que aún hoy me da señales, hacen de mi lo que soy ahora: Una mujer emprendedora y aventurera.

Mi presente, sigo pariendo

Aferrada al momento presente, vivo con alegría y satisfacción a pesar de las dificultades de emprender.

La experiencia de los fracasos me ayudan a entender las cosas que suceden y que anteriormente se dibujaban como una niebla sobre mi existencia.

Soy hermana de un grupo de mujeres en un Círculo. Compartir con ellas me ayuda a conocerme más a mi misma en esta faceta. Les doy las gracias, puedo expresar mi necesidad de continuar en conexión con los ciclos lunares y la tierra.

Actualmente pertenezco en cuerpo y alma a ADAB, comparto con Joana la feliz tarea de la dedicación a otras mujeres creadoras y aventureras, que como nosotras sienten la necesidad del apoyo de una asociación en la que podamos desarrollarnos y crecer, tanto a nivel personal como profesional.

Con Joana también comparto actividades de arteterapia y un proyecto online dedicado a la magia de los mandalas, Mar de Mandalas

Ahora que ya mi cuerpo no creará más hijos, y en la que mis hijos me dan nietos sigo pariendo ideas y proyectos. Es algo imparable, una fuerza creadora que me guía en la aventura de la vida siempre emprendedora.

También te podría gustar...